martes, 3 de febrero de 2015

IMPULSOS


El invierno estaba siendo duro. Largo, frio, oscuro... como todos los inviernos (o quizás éste un poco peor). Había motivos. Aunque el ánimo decayese, la cabeza siempre arriba. Y así, de repente, con esa altitud de miras, apareció.
Al principio como un destello, pero que rápidamente se hizo cada vez más potente.
Era un fogonazo. Un rayo de luz del Este, intenso, que iluminaba y calentaba todo a su paso. 
 
 
Y con todo su valor, y toda su ingenuidad, lo buscó, e intentó atraparlo, cuando bien es sabido que la luz no se puede coger... sólo admirar y dejar que te ilumine.
Y eso hizo.
Y le descubrió la inmensidad del mar. Y la profundidad de la selva. Y le mostró otras maneras de caminar, y de relacionarse.
Y le redescubrió a sí mismo. Porque esa luz iluminaba "hasta el alma".
 
 
Y así esta "fort rurosan", con su fuente a pleno rendimiento, y con el alma más encendida que nunca....