“La cosa más triste en la vida es el talento malgastado”. Así rezaba un cartel en una esquina, en una de las plazas del pueblo. Nadie sabía quién lo había escrito, pero todos los lugareños sabían lo que significaba y por qué estaba allí. Muchos visitantes extranjeros lo veían, ya que aunque no era un sitio céntrico, caía de paso para ir a la panadería, famosa por sus deliciosos pasteles, y se paraban a observarlo. Qué razón tiene; que verdad más verdadera; que sabias palabras; que bonitas y llamativas letras… eran los “comentarios” que se solían escuchar. Pero quien allí se encontraba parado esa mañana era un Sabio, que venía a traer nuevas. Y al rato de estar delante del cartel, y reflexionar con ceño fruncido, sentenció: “Claro. En este pueblo, con esta filosofía, tiene que haber multitud de artistas y de gentes con trabajos increíbles. Qué maravilla”. A todo esto, un Niño que detrás de él correteaba con un palo en la mano golpeando una bola, fijó su mirada inocente en él y le dijo: “aquí no hay cantantes, ni pintores, ni campeones del mundo de nada.” “Entonces ese cartel esta de adorno, es filosofía de mercadillo. Si no os la aplicáis, no pretenderéis dar ejemplo de ella a nadie” inquirió el sabio al niño; el cual sin ofenderse, ni ponerse nervioso le contesto: “Aquí no pretendemos dar ejemplo ni enseñar a nadie. Solo pensamos que cada persona podemos llegar a hacer lo que queramos. Todo el mundo tiene potencial y capacidad para hacer cosas. Pero ya puedes tener todo el talento del mundo que si no haces lo que debes o te quedas parado esperando que las cosas pasen o te lleguen no consigues nada, pero si haces lo que debes y con la actitud adecuada seguro que te ocurren cosas buenas. Eso es lo que dice nuestro maestro”. Con esas palabras y un “hasta luego señor”, el sabio vio como se alejaba el niño, bordeando un pequeño edificio, con grandes ventanas que daban a la plaza, y en el que ponía con letras grandes: ESCUELA.
Prosiguió el sabio su camino de camino al Consejo del pueblo. No sabía si estaba turbado por las palabras del niño o por la intensa y aparentemente normal actividad que veía en las calles. Cuando al fin encontró a Sereno, el consejero encargado del asunto del viaje, y le pudo comunicar que los exploradores tenían buenas expectativas. “Están tras la pista de una fuente que parece que no está muy lejos, y que se ajusta a las necesidades de nuestra villa. Aun hay que esperar y ver si es la adecuada, ya que el camino, aunque no es tan largo como pensábamos, es muy sinuoso, como para empezar el viaje a lo loco. Paciencia, aunque ya veo que no es un tema que os tenga angustiados ni mucho menos….”