lunes, 6 de mayo de 2013

SEIS MESES

CRONOS. Esta era la palabra que había escrito el maestro en la pizarra esa mañana. Tiempo, magnitud por la cual los seres humanos medimos la duración de los acontecimientos, y la separación entre ellos; y que a la vez nos permite hacer una secuenciación de los mismos. Entonces levantó la mano el hijo de cronos, el cronologista del pueblo, y le dijo al maestro que su papa le decía que el tiempo era muy relativo. Que a pesar de que teóricamente fuese algo matemático, en realidad dependía mucho de los acontecimientos ocurridos, y que un día nunca dura lo mismo que otro. Y no le faltaba razón, ya que el cronologista había tenido una actividad muy intensa los últimos seis meses, y había escrito más paginas que en muchos años atrás.
Y es que hacia seis meses que fort Rurosan había llegado a su nueva fuente.
Seis meses intensos, caóticos, un poco frenéticos en realidad.
En los que un viento sureño calido y maravilloso había impulsado como nunca, y después un vendaval frío del norte lleno el cielo de nubes negras.
Donde apareció una nueva energía (Chi), muy gratificante.
En los que ha pasado nuevos habitantes por el pueblo dejando cada uno su poso.
En los que habitantes que parecían que iban a ser eternos decidieron  tomar otro camino, y han salido dejando un poso increíble.
En los que nuevas casas se han construido. Nuevos horizontes se han abierto. Nuevos lenguajes han aparecido.
En los que las buenas semillas de los campos verdes los han hecho florecer con una fuerza increíble.
Donde ha habido un invierno duro, frío, lluvioso, y una primavera tibia que parece que esta empezando a calentar.
Donde el senado ha tenido que barajar varias batallas con mejor o peor fortuna.
Donde ese senado ha cambiado varias veces líder.
Donde se han construido puentes, algunos resistentes, otros más frágiles. Pero todos con intención de tener algún uso.
Seis meses en los que los sabios extranjeros han tenido mucha presencia, y han alucinado con la resistencia de los cimientos de este pueblo.
En los que la fuente esta dando un agua nueva, cristalina, pura.
Y es que en fort Rurosan, seis meses, dan para mucho.




Entraba un sol cálido por las ventanas de la clase. Esas ventanas que daban a la plaza donde estaba la inscripción: “La cosa mas triste en la vida es el talento malgastado”, y en la cual había aparecido otra: “Nada impone normas. Sólo la vida”.
Y es que al final la clave era esa, VIVIR