Y es que hacia seis meses que fort Rurosan había llegado a su nueva fuente.
Seis meses intensos, caóticos, un poco frenéticos en
realidad.
En los que un viento sureño calido y maravilloso había
impulsado como nunca, y después un vendaval frío del norte lleno el cielo de
nubes negras.
Donde apareció una nueva energía (Chi), muy gratificante.
En los que ha pasado nuevos habitantes por el pueblo dejando
cada uno su poso.
En los que habitantes que parecían que iban a ser eternos decidieron
tomar otro camino, y han salido dejando
un poso increíble.
En los que nuevas casas se han construido. Nuevos horizontes
se han abierto. Nuevos lenguajes han aparecido.
En los que las buenas semillas de los campos verdes los han
hecho florecer con una fuerza increíble.
Donde ha habido un invierno duro, frío, lluvioso, y una
primavera tibia que parece que esta empezando a calentar.
Donde el senado ha tenido que barajar varias batallas con
mejor o peor fortuna.
Donde ese senado ha cambiado varias veces líder.
Donde se han construido puentes, algunos resistentes, otros más
frágiles. Pero todos con intención de tener algún uso.
Seis meses en los que los sabios extranjeros han tenido
mucha presencia, y han alucinado con la resistencia de los cimientos de este
pueblo.
En los que la fuente esta dando un agua nueva, cristalina, pura.
En los que la fuente esta dando un agua nueva, cristalina, pura.
Y es que en fort Rurosan, seis meses, dan para mucho.
Entraba un sol cálido por las ventanas de la clase. Esas ventanas
que daban a la plaza donde estaba la inscripción: “La cosa mas triste en la
vida es el talento malgastado”, y en la cual había aparecido otra: “Nada impone
normas. Sólo la vida”.
Y es que al final la clave era esa, VIVIR